Francesc Pausas y Cuba

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Sílvia Lanceta y Juli G. Pausas

Hace unos meses presentamos en este blog la figura del pintor modernista catalán Francesc Pausas i Coll, y las obras que de él conservaba el Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Le dejamos viviendo y trabajando en Nueva York. Ahora le seguiremos hasta La Habana, ciudad desde donde recibió numerosos encargos y donde se trasladó con su familia a principios de los años 20.

El primer Pausas que se relaciona con La Habana

El primer cuadro que vincula a Pausas con Cuba es el Retrato de Orestes Ferrara, pintado en Nueva York en 1914. Orestes Ferrara, abogado, periodista y político influente en la vida pública cubana, fue un gran admirador de Francesc Pausas i Coll. 

Actualmente, el retrato de Ferrara se encuentra en la entrada del Museo Napoleónico de La Habana, antiguo Palacio de Ferrara; el único cuadro, que sepamos, expuesto al público en la isla antillana.  Junto al retrato, en la cartela se lee «F. Paiyas». Avisamos al museo del error el pasado julio de 2019.

Retrato de Orestes Ferrara, Francesc Pausas, 1914

Una década prolífica en la pintura de Pausas (1919 – 1929)

En 1917, todavía en Nueva York, Pausas retrata al secretario de Estado cubano, Aurelio Hevia. Asimismo, fue Josep Marimon i Juliach, presidente del Banco Español en la isla de Cuba quien, impresionado por el prestigio de Pausas en Estados Unidos y por la calidad de sus óleos, le invita a La Habana.

A finales de 1918, Pausas viaja por primera vez a Cuba, donde retratará a personalidades destacadas del mundo político y empresarial. Pronto se convirtió en un pintor reputado y los encargos fueron tantos que volvió el invierno siguiente.

No conocemos con exactitud el año en que la familia Pausas Sampere se traslada definitivamente a La Habana, pero seguramente fue a principios de la década de los años 20. Diríamos que no más tarde de 1923, si prestamos atención a las cartas que el amigo Ramón Vilaró le enviaba ya a esta ciudad; y el diario de Anaïs Nin, en el que la escritora, el 18 de junio de 1924 recuerda que María Sampere le había vendido los muebles (suponemos que los de la casa de Nueva York para trasladarse a vivir en la Habana).

Desde un inicio, Pausas se vinculó a la vida cultural y artística de la Ciudad antillana. Se hizo socio de la Asociación de pintores y escultores de La Habana y participo en los Salones de Bellas Artes de la Ciudad de 1921, 1922 y 1928.

En agosto de 1922 Pausas pinta unos cuadros decorativos para una de las salas del Casino de la playa de Marianao, donde había instalado el estudio y desde donde seguía dedicándose al retrato. Lamentablemente, el Casino ya no existe, por lo cual no se pueden ver los cuadros que lo decoraban.

El éxito de la exposición de Pausas en el convento de Santa Catalina

En marzo de 1920, Pausas decora el trascoro del antiguo convento de Santa Catalina, actualmente desaparecido, y expone 47 cuadros. Entre ellos, destacamos algunos que aparecen nombrados como los más importantes en el Diccionario de artistas plásticos de Cuba  (A. Rodríguez Morey, 2013):  Primavera (retrato de Nena Conangla Tomás), Mi padre político (José Sampere), Retrato de la Sra de Marimón (Caridad Salas), Retrato de José Marimón, María Gay en Carmen, Retrato del Dr Julio de la Torre, Mi mujer, Auto-Retrato, Retrato del Coronel Hevia, Mi madre (Leonor Coll), Anocheciendo, Cabo de Creus, Lolita, Retrato de la Sra de Ferrara (Ma. Luisa Sánchez), Retrato del Sr. Bonet, Retrato de la Sra Duque y Apasionatta.

Se editaron ocho mil catálogos de la exposición, se vendieron muchos de los cuadros y la prensa cubana se hizo eco de ello. «El éxito de la exposición de Pausas ha superado en todos los sentidos el de las otras exhibiciones artísticas efectuadas en La Habana. Y esta afirmación la justifican todos los periódicos y revistas, por la unanimidad de criterio con el que han elogiado entusiastas del arte de nuestro excelente pintor, uno de los más destacables que han pasado por La Habana, y el mejor sin duda, en el difícil género del retrato.» Así iniciaba La Nova Catalunya de marzo de 1920 el reportaje dedicado a la exposición; y continuaba con el resumen de los comentarios hechos en otros diarios cubanos, como Heraldo de Cuba, Diario de la Marina, La Prensa, La Noche, El Mundo… 

El retrato de Maria Sampere, expuesto en La Habana

Mi Mujer, el retrato de Maria Sampere i Montseny, actualmente expuesto en el Museu Nacional d’Art de Catalunya y del que hablamos en la primera parte de este artículo, también se expuso en el convento de Santa Catalina. Era la segunda vez que este retrato de 1911 se exponía al público. «En el retrato de su esposa, que aparece ataviada con traje y sombrero negro y destacándose en un fondo neutro, Pausas ha resuelto un difícil problema de técnica. Ese retrato es una verdadera maravilla,» Bohemia, 21 de marzo de 1920. La revista cubana describe minuciosamente el resto de retratos de la exposición.

Retrato de Maria Sampere, mujer del pintor, Francesc Pausas i Coll, 1911

También se habla de este retrato en Vida catalana, núm. 211 (La Habana, mayo de 1920): «Entre estos retratos y en los que solamente ha querido hacer arte por excelencia, destacan unos cuantos que afirman la celebridad de la cual disfruta [SIC]. Aquel denominado “Mi mujer” por ejemplo, solo falta que se pague una suma fabulosa para que tanga la recuesta de un Rembrant, lo que no verá él en vida, ni se regocijó de tal satisfacción el inmortal maestro holandés».

Pausas y el Centro Catalán en La Habana Pausas

 Pausas conectó con el Centro Catalán de La Habana y las actividades que organizaba. El 1924, el artista se encargó, juntamente con el pintor Garcia Escarré y el mueblista Anton Agramunt, de la decoración artística de la nueva sede del centro, en el antiguo Palacio Montalvo. Este mismo año, el centro celebra un banquete en homenaje a Pausas, en los Jardines de la Tropical.

Miembros del Centro Catalán de La Habana, al casino de La Playa de Marianao (La Habana). De izquierda a derecha: Josep Pineda i Fargas, Francesc Molla i Presas, Francesc Pausas i Coll, Josep Conangla i Fontanilles, Pere Pons Cercós, Claudi Mimó i Caba, y Joaquim Muntal i Gramunt [Fuente: La Nova Catalunya, núm. 254, agosto 1922]

Pausas mantuvo una relación estrecha con los catalanes de La Habana, especialmente con Josep Conangla i Fontanilles (Montblanc, 1875 ­­– La Habana, 1965), periodista destacado, uno de los fumadores de La Nova Catalunya y redactor de la Constitución provisional de la República Catalana. Y pintó los retratos de Francesc Molla, ex-presidente del Centro Catalán (1922) y de Eudald Romagosa, presidente de honor de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña. El Retrato del Sr. Romagosa (1928), actualmente, decora uno de los despachos de la sede actual de la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Cataluña.

Retrato de Eudald Romagona, Francesc Pausas, 1928

El archivo conserva, entre otros documentos y publicaciones, La Nova Catalunya. Esta revista, de carácter marcadamente político, permite que nos adentremos en un tiempo y en un espacio en el que vivió Pausas. Un Pausas cosmopolita, como el arte que él admiraba y anhelaba conseguir. Este adentrarnos en su momento puede que nos ayude a entender uno de los silencios de los que hablábamos en la entrada Maria Sampere y Francesc Pausas en el Museu Nacional d’Art de Catalunya

Cien años después

Son innumerables los cuadros que Pausas pintó en Cuba. Pero de muchos de ellos desconocemos dónde podrían estar ahora, porque ha llovido mucho desde entonces, incluso una revolución. Continuaremos indagando para saber de qué pared cuelgan hoy. Por ejemplo, dónde está Carnaval, una composición de grandes dimensiones donde aparecen tres chicas disfrazadas: una de arlequín, otra de china y la tercera con torera, sentada en primer plano sobre un mantón de Manila.

Carnaval, de Francesc Pausas. Localización desconocida

En 1947, Maria Sampere regaló Carnaval al amigo Conangla. Según sus descendientes, el cuadro se quedó en la isla, cuando la familia la abandonó a finales de los 60. Quizá alguien leerá estas líneas y nos lo pueda hacer saber.

Cien años después, encontrar vestigios testimoniales del paso de Francesc Pausas por La Habana –una década prolífica en su trayectoria artística– ha supuesto un verdadero reto, porque a menudo la Historia elimina la Historia que la precede. Tal vez esto, explica otro silencio.

Enlaces relacionados

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