Apuntes de gestión: reflexión y práctica en el Museu Nacional d’Art de Catalunya /1

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Josep M. Carreté

En los últimos años las empresas públicas han sufrido lo que podríamos entender como un retroceso en aspectos clave de su funcionamiento:

  • pérdida de la flexibilidad de sus estructuras y de los sistemas de gobierno
  • disminución drástica de los recursos humanos y financieros
  • aumento desmesurado de los mecanismos de control financiero
  • centralización de procesos
  • pérdida y/o retorno de algunas competencias a las administraciones matrices que las crearon

Estos aspectos, con el impacto de la puesta en funcionamiento de la LRSAL (Ley de racionalización y sostenibilidad de la Administración local), se ven todavía más potenciados. Estamos viviendo, llevados por la “ley del péndulo”, el proceso contrario al que se dio a finales de la década de los ochenta e inicios de la de los noventa, años en los que también hubo una fuerte crisis económica y social. En aquellos momentos, la administración –en el ámbito interno– afrontó la crisis con medidas descentralizadoras que se materializaron en la creación de patronatos en los ayuntamientos, fundaciones públicas, consorcios, una larga lista de figuras jurídicas que apostaban por la mayor eficacia y eficiencia otorgando a estas entidades autonomía de gestión y capacidad para actuar y poder hacer frente a la crisis que nos atenazaba.

En este momento, seguramente con una situación más complicada, se está actuando de manera radicalmente diferente. Seguramente, a parte de la crisis sistemática en la que nos encontramos inmersos, los casos de corrupción no son ajenos y han incentivado esta tendencia centralizadora e hipercontroladora. Todo ello está provocando que “el péndulo” retorne a sus antípodas con una aceleración inusitada, que puede llevar a las empresas públicas a quedarse lejos, en lo que a resultado y funcionamiento se refiere, de lo que cada día más nos demanda la sociedad, traicionando así la misión para la que fueron creadas.

El público es el que llena de sentido los museos y las entidades culturales. Foto: Xavi Padrós

En Europa no parece por ahora que se apueste por la inversión pública en el sector privado o por una reactivación del sector público como motores que puedan ayudar a superar la crisis en la que nos encontramos inmersos. Lejos quedan ya las inversiones públicas, los planes de ocupación que por ejemplo en los años 1980 en el terreno de la cultura dieron lugar a múltiples intervenciones en el patrimonio cultural en todo el país y sirvieron para reinsertar a muchas personas en el mundo laboral. Por ejemplo, en la creación de escuelas taller que, una vez finalizadas, en muchos casos se transformaban en empresas; la formación continuada para reinsertar a las personas en paro en el mercado laboral, etc. En ese sentido, las recién nacidas empresas públicas que fueron creadas por las diferentes administraciones tuvieron un papel importante para reactivar y dinamizar la economía y el propio sector público. A estas alturas parece que hayamos perdido completamente la fe en el sector público y, aún peor, no sé si también en el privado.

Es evidente que no podemos volver a tiempos pasados con los mismos parámetros de funcionamiento, han pasado muchas cosas por el camino: la economía, la sociedad y el mundo en general se están configurando en elementos bastante diferentes a los anteriores a la crisis. La sociedad cada vez nos pide más transparencia, más accesibilidad, capacidad de incidencia y participación en el día a día de las instituciones, más responsabilidad en lo que hacemos, más sostenibilidad, más respeto por el medio ambiente. Como siempre, parece que la sociedad va por delante. Todos saldremos ganando:

  • a más transparencia, menos necesidad de control
  • a más participación, más conexión con la sociedad y con los ciudadanos, mayor permeabilidad de las estructuras y del gobierno de las instituciones
  • a más compromiso social, más eficacia en el cumplimento integral de nuestras misiones
  • a más respeto por en entorno, más capacidad de ser sostenibles

Partiendo de todos estos parámetros, en el Museu Nacional nos planteamos hace tres años cómo afrontar los retos de futuro teniendo en cuenta unos cambios en la gestión pública que están llegando para quedarse. En 2012, coincidiendo con la redacción de la Estrategia 2013-2017 que tenía que servir para marcar los nuevos ejes de trabajo del Museu Nacional d’Art de Catalunya, se decidió poner en marcha nuevas herramientas de gestión que sirvieran para implementar este nuevo proyecto que se estaba construyendo y que tenía que dar un posicionamiento radicalmente diferente al que hasta entonces había tenido el museo.

Brainstorming de ideas en los talleres internos de estrategia

 

Buscábamos herramientas que en sintonía con el nuevo plan estratégico permitieran al museo una situación de liderazgo en la gestión empresarial, en la relación con la sociedad y el medio ambiente, así como en la propia situación económica, elementos que a raíz de la crisis económica tenían que ser revisados para poder adaptarnos a la nueva realidad social y económica.

En este sentido apostamos por la implantación de tres proyectos:

  • la e-administración, como herramienta de modernización y de transformación de la institución
  • el trabajo por proyectos, más conocido y tradicional
  • la voluntad de conseguir la certificación europea de Responsabilidad Social Corporativa IQNet SR 10. Proyecto absolutamente transversal y necesario, no tanto por conseguir la certificación, sino por toda la transformación de la organización y la implementación de las nuevas prácticas que comporta

Hablaremos de los tres proyectos en un próximo artículo del blog.

Enlaces recomendados

El Museu Nacional d’Art de Catalunya y la responsabilidad social corporativa, Quorum 2015
Responsabilitat Social Corporativa: un nou model de gestió, programa “Valor afegit”, TV3, 2015 (vídeo 14 min, en catalán)
Estrategia Museu Nacional 2013-2017 (pdf)

Josep M. Carreté
Sotsdirector-gerent

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