Desenterramos la figura de un centinela en la obra «Desierto blanco» de Antoni Fabrés

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Mireia Campuzano, Núria Pedragosa y Carme Ramells

Con motivo de la exposición dedicada al artista Antoni Fabrés se ha estudiado con la técnica de reflectografía infrarroja la pintura Desierto blanco. Esta obra ha formado parte de una campaña de conservación-restauración que se ha llevado a cabo con dicha finalidad.

Antoni Fabrés, Desierto blanco, hacia 1901
Antoni Fabrés, Desierto blanco, hacia 1901

Estudiando la obra Desierto blanco, de Fabrés

La obra, realizada hacia 1901 durante la estancia del artista en París, es un óleo sobre lienzo de gran formato (157 x 298 cm) en el que Fabrés aplica la pintura combinando el pincel y la espátula, con seguridad y dominio de la técnica. Representa un paisaje naturalista, con un encuadre compositivo sorprendente, donde la amplitud del suelo nevado y la base de un árbol son los protagonistas.

El detonante que nos lleva a estudiar esta obra es otra versión del mismo artista, propiedad de la familia Fabrés, donde hay un soldado muerto en la nieve, en el centro de la composición. Este otro cuadro, de dimensiones más reducidas (60 x 110 cm), se titula Centinela muerto y aquí sí, el centinela es el punto de mira de la pintura.

Antoni Fabrés, Centinela muerto. (Colección Matilde Betti-Berutto)
Antoni Fabrés, Centinela muerto. (Colección Matilde Betti-Berutto)

Conexiones entre el Centinela muerto y Desierto blanco

Tanto en los dibujos de Fabrés conservados en el museo, como en los cinco álbumes del fondo de la Biblioteca Joaquim Folch i Torres del Museo Nacional, relativos a su obra pictórica, no se ha encontrado ningún apunte directamente relacionado con esta composición. Pero sí vemos reproducidas algunas imágenes que conectan con las pinturas en cuestión. En el primer álbum hay un dibujo donde se representa un personaje abatido que recuerda el centinela, con la característica torsión del brazo y la palma de la mano hacia arriba; y en el tercer álbum, hay reproducidos paisajes con encinas, de tronco similar a nuestro árbol inclinado.

Dibujo del álbum núm. 1 del propio artista
Dibujo del álbum núm. 1 del propio artista

Con todos estos indicios parece lógico pensar que un análisis con reflectografía infrarroja, donde se capturan las capas subyacentes de la obra, puede aportar datos sobre la conexión entre la pintura del Museo Nacional y la del Centinela muerto. Se trata de desvelar si el lienzo perteneciente a la familia del artista sería el preparatorio de la pintura de grandes dimensiones, conservada en el museo.

Reflectograma de Desierto blanco

Momento de capturar el reflectograma de Desierto blanco
Momento de capturar el reflectograma de Desierto blanco

Ciertamente, el reflectograma del Desierto blanco pone de manifiesto la presencia de una figura yacente, situada en el mismo lugar y en la misma posición que la representada en la pintura Centinela muerto. Gracias al referente que nos proporciona esta obra, se puede afirmar que la figura revelada en el Reflectograma es la de un soldado muerto, con un arma en frente y una mochila a la espalda, tal y como se ve en el Centinela muerto. Y, muy probablemente, debía pertenecer a la infantería francesa por los colores azul, blanco y rojo del uniforme que luce en esta pintura.

 Desierto blanco. © Museu Nacional d’Art de Catalunya (2019) RIR: Campuzano, Pedragosa, Ramells
Desierto blanco. © Museu Nacional d’Art de Catalunya (2019) RIR: Campuzano, Pedragosa, Ramells

La posición de escorzo del soldado recuerda, indudablemente, algunos dibujos de Marià Fortuny, como el Marroquí muerto. Estudio para el cuadro «La batalla de Tetuán» o Muerte de un soldado romano. La técnica de reflectografía infrarroja es una herramienta adecuada para comprender cómo ha sido realizado el centinela en la obra Desierto blanco. Fabrés seguía un método de trabajo tradicional mediante el cual encajaba con líneas finas de grafito o carboncillo el perfil de las formas, como por ejemplo las que se localizan en el contorno del sombrero y la parte superior de la mochila, y posteriormente, con el pincel, pintaba por encima y las acababa de construir, definiendo los detalles.

Desierto blanco. © Museu Nacional d’Art de Catalunya (2019) RIR: Campuzano, Pedragosa, Ramells
Desierto blanco. © Museu Nacional d’Art de Catalunya (2019) RIR: Campuzano, Pedragosa, Ramells

También la figura del soldado aparece claramente en la radiografía practicada sobre el lienzo Desierto Blanco.

© Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona (2019). Radiografía: Comella, Martí, Masalles
© Museu Nacional d’Art de Catalunya, Barcelona (2019). Radiografía: Comella, Martí, Masalles

Ahora bien, el examen con radiación infrarroja no sólo ha servido para corroborar la presencia del soldado, sino que nos ha permitido ir más allá e identificar una inscripción en la parte derecha de la firma «A. Fabrés «donde se lee:» Paris, 1870. / Centinela alerta! / (Guerra francoprusiana).

Desierto blanco. © Museu Nacional d’Art de Catalunya (2019). RIR: Campuzano, Pedragosa, Ramells
Desierto blanco. © Museu Nacional d’Art de Catalunya (2019). RIR: Campuzano, Pedragosa, Ramells

De origen, ¡lo más probable es que el artista titulara la obra de gran formato como Centinela alerta! Y anotara la cronología y el lugar donde se sucedieron los hechos bélicos. Nada que ver con lo que terminaría siendo una pintura de paisaje nevado titulada Desierto blanco.

Una pintura de guerra transformada en una de paisaje

Con todo lo descrito hasta ahora se confirma la hipótesis de que bajo las capas de pintura de Desierto blanco esconde, en realidad, la versión final y de gran formato de la pintura Centinela muerto. Lo lógico hubiera sido que el pintor catalán utilizara una cuadrícula para trasladar la composición preparatoria en un formato más grande, pero en el Reflectograma esto no se distingue de manera clara. Únicamente se observan algunas líneas de carboncillo en todo el perímetro de la tela que delimitan la composición. Es muy posible que el artista, una vez tuviera encajado el dibujo, borrara la supuesta cuadrícula.

Cabe señalar que este modus operandi se repite en otras obras de Fabrés, en las que sí se observan líneas de cuadrícula. Por poner algún ejemplo, en la pintura Esclava en venta, propiedad de la Diputación de Barcelona, ​​la transparencia de la capa pictórica deja entrever la parrilla de líneas; y en el óleo Descanso del guerrero, las líneas entrecruzadas quedan al descubierto ya que parte de la obra está inacabada.

Aitor Quiney, comisario de la muestra, nos hace notar en el catálogo que «muchas de las obras de Fabrés llevan un título con doble sentido«. Pero es gracias a la reflectografía infrarroja que vemos como, en este caso, el artista ha generado también, una doble temática: transforma una pintura de guerra en un paisaje inquietante. Desconocemos porque hace estos cambios, pero una fotografía antigua de su último taller en Roma ya nos muestra el lienzo tal y como lo conocemos hoy.

Fotografía del Álbum nº 4
Fotografía del Álbum nº 4

Viendo esta imagen, ¿quién habría sospechado que bajo un desierto blanco Fabrés enterraría un centinela de la infantería francesa, muerto durante la Guerra Franco-Prusiana de 1870?

Núria Pedragosa, Carme Ramells y
Mireia Campuzano

Un comentario

  • 5 de octubre de 2019 - 3:38 pm | Enlace permanente

    Esto no es hamparte

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