«Tres mendigos» de Giacomo Ceruti bajo la lupa de un dermatólogo

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Dr. Xavier Sierra i Valentí
Tres mendigos, Giacomo Ceruti, llamado Il Pittocchetto, 1736. Colección Thyssen-Bornemisza (en depósito en el Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2004)

Tres mendigos, Giacomo Ceruti, llamado Il Pittocchetto, 1736. Colección Thyssen-Bornemisza (en depósito en el Museu Nacional d’Art de Catalunya)

En esta obra de Giacomo Ceruti se representan tres viejos mendicantes vestidos con harapos. Ceruti, también conocido como Il Pittochetto, fue un pintor del barroco italiano tardío activo en el norte de la península Itálica, donde fue muy valorado sobre todo por los cuadros de grandes dimensiones con escenas humildes, a menudo protagonizadas por mendigos.

En esta obra aparecen, pues, tres pedigüeños. Uno de ellos, con una larga barba canosa, presenta una pierna vendada. Parece que sufre algún problema de movilidad y se vale de un bastón para andar.

Si nos fijamos en su mano izquierda, observamos que las uñas muestran cierta estriación longitudinal, lo que se ve habitualmente en las personas de edad avanzada, y en algunas zonas la uña pierde el brillo, que recuerda el aspecto de la traquioniquia.

La traquioniquia es una alteración de la lámina de la uña que se caracteriza por un aumento de las estriaciones longitudinales, depresiones y algunos puntos hundidos (como la superficie de un dedal). El resultado es una uña deformada, áspera al tacto, con un aspecto deslucido y sin el brillo habitual. La uña del dedo gordo también parece un poco despegada de la matriz ungueal.

Tres mendigos (detalle), Giacomo Ceruti, llamado Il Pittocchetto, 1736. Colección Thyssen-Bornemisza (en depósito en el Museu Nacional d’Art de Catalunya)

Tres mendigos (detalle), Giacomo Ceruti, llamado Il Pittocchetto, 1736. Colección Thyssen-Bornemisza (en depósito en el Museu Nacional d’Art de Catalunya)

Naturalmente, debemos ser muy prudentes al interpretar todos estos detalles, y es cierto que podemos considerarlo como un recurso pictórico sin más significación, pero sin despreciar las cualidades de observación de los artistas, y más aún en una época en la que la pintura intentaba reflejar con los mínimos detalles la realidad que les rodeaba.

Como ya hemos dicho, la estriación longitudinal de las uñas, si es regular, se ve a menudo en las personas de edad –como podría ser el caso del personaje–, y en ocasiones algunos déficits nutricionales, como la falta de aminoácidos o vitaminas, pueden acentuarla. Así, esta obra nos proporciona un testimonio pictórico sobre la probable pobreza de la alimentación de los personajes representados.

La traquioniquia o pérdida del brillo de las uñas también puede ser un síntoma de ciertas enfermedades generales como el liquen, la psoriasis, la alopecia areata o la ictiosis. Y también puede estar causada por ciertos agentes externos. Naturalmente, la escasa precisión de la pintura no permite descartar totalmente la presencia de una micosis ungueal, que era un trastorno muy frecuente claramente representado en otras pinturas, como en el Retrato de un matrimonio, de Gabriel Zehender, de 1525 (Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid).

En cualquier caso, fijarnos en estas alteraciones de las uñas nos permite hacer más creíble el relato de Ceruti, y demuestra la gran precisión y meticulosidad del artista al representar los detalles más mínimos de los mendigos que tomó como modelos para su cuadro.

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