Arte de importación en la Cataluña del Renacimiento

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Martí Casas

Desde que el mundo es mundo, el arte siempre ha viajado. Las noticias actuales sobre subastas y compraventa de obras de arte nos pueden hacer pensar que la importación y exportación de cuadros, esculturas o joyas es una actividad relativamente reciente, surgida en el siglo XIX con el artista moderno. Realmente, sin embargo, ya hace muchos siglos que encontramos obras de arte que viajan lejos de su lugar de origen, ya sea por compra, espolio o como regalo diplomático. En el Museu Nacional tenemos un buen ejemplo de ello: desde sus inicios conserva una colección singular de escultura formada por 12 relieves de mármol de época renacentista que tienen muchos rasgos en común y comparten el mismo destino desde hace casi 500 años.

Pietro Urbano, Augusto, 1515-1525

Pietro Urbano, Augusto, 1515-1525

Doce esculturas singulares

Todos los relieves, excepto uno, tienen forma de tondo y muestran retratos en busto y de perfil de diferentes personajes masculinos y femeninos. Casi todos son figuras históricas del Imperio Romano, principalmente emperadores. Y, de hecho, tanto el estilo como el formato de los relieves se inspiran claramente en el arte de la antigüedad clásica, principal referente y modelo de prestigio para los artistas del Renacimiento.

Alfonso Lombardi, Domicià, 1530-1533

Alfonso Lombardi, Domiciano, 1530-1533

También llama la atención por su calidad, datación y procedencia la colección de esculturas. Aunque los relieves son obra de diferentes artistas, se trata de piezas prácticamente contemporáneas, de entre principios y mediados del siglo XVI, y su talla es de una calidad y perfección que en aquel momento solo se podía encontrar en los talleres del centro de Italia. Son, por lo tanto, de procedencia claramente italiana. Ya que no hay ninguna pieza firmada, atribuirlas a uno u otro artista ha sido una tarea difícil que ha generado un gran debate entre los expertos.

¿Cómo y cuándo llegaron los 12 relieves italianos a Barcelona?

Este es, con toda seguridad, el dato más interesante de su historia. Gracias a la documentación conservada, sabemos que las piezas fueron adquiridas en Italia por el diplomático Miquel Mai (hacia 1480-1546) durante los años en los que el emperador Carlos I lo destinó a Roma como embajador de la corona española ante la Santa Sede.

Niccolò Tribolo, Miquel Mai, 1528-1532

Niccolò Tribolo, Miquel Mai, 1528-1532

Durante su estancia en Roma, entre 1528 y 1533, Mai se integró perfectamente en la vida cultural y artística de la ciudad. Siguiendo el ejemplo de sus contemporáneos, se dotó de una valiosa biblioteca –que llegó a 1.800 volúmenes y 400 manuscritos– y que empezó a coleccionar obras de arte realizadas según el nuevo estilo que triunfaba en Italia. Un estilo que era, también, el que mejor reflejaba las ideas humanistas y erasmistas de Mai.

El embajador se hizo retratar en varias ocasiones y en diferentes formatos para dejar constancia del elevado estatus conseguido en la corte de Carlos I. Hemos conservado dos de estos retratos, de diseño prácticamente idéntico, en una medalla de bronce y en uno de los tondos de mármol que hoy forman parte de la colección del Museu Nacional. En los dos se representa a Mai con sus facciones reales y vestido “a la romana” como un alto dignatario de la antigüedad. Toda una declaración de intenciones.

El legado de Miquel Mai

En 1533 Miquel Mai fue nombrado vicecanciller del Consejo de Aragón y regresó a la Península. Su biblioteca y sus obras adquiridas en Italia fueron trasladadas a Barcelona, a la casa familiar de la plaza de la Cucurulla, donde, según algunos autores, Mai se hizo construir un studiolo renacentista al estilo de los que había conocido en Italia: una sala de estudio decorada bellamente donde se conservaba y exhibía su patrimonio artístico y bibliográfico, como si de una cámara del tesoro se tratase.

En este studiolo se deberían de mostrar el retrato de Miquel Mai y el resto de relieves de mármol que hoy se conservan en nuestro museo. Las 12 piezas fueron depositadas a principios del siglo XIX en el museo de antigüedades de la Reial Acadèmia de Bones Lletres, antecedente de la actual colección del museo.

Baccio Bandinelli, Virtut de la Prudència, 1525-1530

Baccio Bandinelli, Virtud de la Prudencia, 1525-1530

Más esculturas importadas de Italia

El periplo de la colección de mármoles de Miquel Mai no es un caso único. De hecho, fueron muchas las personalidades catalanas de la época que compraron obras en Italia para traerlas al Principado. ¿Por qué recurrieron a la importación? La fuerza del arte gótico en Cataluña provocó que las novedades del Renacimiento llegasen con retraso y a menudo de forma superficial y desvirtuada. Además, hacia 1500 las escuelas locales de pintura y escultura habían quedado desfasadas y los principales encargos artísticos eran acaparados por artistas de origen extranjero que resultaban ser mucho más hábiles y solventes en el uso de los nuevos lenguajes artísticos llegados de Italia. Ante semejante panorama tan poco prometedor, los humanistas catalanes que se lo podían permitir preferían adquirir obras de mayor calidad directamente en el lugar de origen del movimiento.

Antonio del Pollaiuolo, Adrià com si fos Mart, 1485-1490

Antonio del Pollaiuolo, Adriano como si fuera Marte, 1485-1490

Ese es el caso, por ejemplo, del archidiácono Lluís Desplà i Homs, uno de los grandes eruditos catalanes del siglo XVI y un importante mecenas de las artes. Procedentes, justamente de la Casa de l’Ardiaca, el Museu Nacional conserva dos delicados relieves renacentistas de mármol que seguramente fueron adquiridos por Desplà en Italia. Las dos piezas nos han llegado encastadas en ventanales góticos, en una singular mezcla de estilos que fue muy habitual en la arquitectura catalana del Quinientos.

Martí Casas
Amics del Museu Nacional d'Art de Catalunya

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