El teatro museístico. Una mirada al trabajo museográfico del Museu Nacional

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Juliette Raussin

Del museo como templo al museo como actor de su presente

Durante los últimos cinco meses, he tenido el privilegio de incorporarme al Departamento de Museografía del Museu Nacional d’Art de Catalunya en el marco de unas prácticas curriculares. Esta experiencia ha sido enriquecedora en muchos sentidos y me ha enseñado mucho sobre el funcionamiento de la institución museística, pero también sobre su importancia en nuestra sociedad. Asimismo, este periodo de formación también me ha brindado la oportunidad de observar y reflexionar sobre el tremendo trabajo del Departamento de Museografía, así como sobre las mutaciones contemporáneas de la institución museística.

El museo de arte desempeñaba un papel real en los múltiples procesos de cambio sociocultural a través de una amplia oferta de eventos culturales. Los distintos proyectos de exposición que propone el museo tienen como objetivo no solo mostrar la colección, única en el mundo, sino también llevar a cabo un dibujo de la sociedad y sus preocupaciones a través de las obras de arte.

Reserva de marcos del museo / Desplazamiento de obras a la reserva. Foto: Juliette Raussin

De hecho, desde hace algunos años está surgiendo un nuevo modelo de museo que mantiene la función primordial de responder a una necesidad humana: la construcción y transmisión de relatos. Narrativas pasadas, presentes y futuras. Esta necesidad, ya sea como función unificadora, restauradora o perturbadora, es aún más esencial para los objetos artísticos que no pueden contar su propia historia. En un intento de responder a este deseo de relatos, la museografía, es decir, la disciplina que permite la retranscripción espacial de la narración, se ha convertido en un instrumento fundamental de mediación cultural. Así, a mi entender, en el contexto de la progresiva redefinición de sus funciones y misiones, el museo ha demostrado ser cada vez más una figura de autoridad importante en la definición de los relatos de nuestro tiempo.

Por tanto, la novedad de este modelo se basa en una voluntad afirmada de conectar todavía más con los públicos, especialmente cuando el museo alberga una colección pública que pertenece al ciudadano, cuando es un bien común. Se trata de cambiar la imagen del museo, asociada durante mucho tiempo a la idea de entidad intocable, a medio camino entre religión y poder, una instancia de dominio, hacia un museo cuya función es expresar la sociedad rica y compleja mediante un programa de exposiciones representativo de su diversidad.

Un carro para desplazar las obras de arte para la exposición Maternasis / Instalación de la exposición Maternasis. Foto: Juliette Raussin

Se observa que el museo está girando hacia un modelo de política más social, que incluso puede calificarse de democrático, basado en la inclusión y en un profundo compromiso con la sociedad. Este nuevo modelo se inspira en los llamados «museos de sociedad», que reflexionan sobre la diversidad social y cultural, sobre el lugar de las minorías dentro de una comunidad, donde el público es un componente fundamental del proceso museístico. La museografía, a mi entender, desempeña un papel crucial en este proceso de mutación de la institución museística.

La museografía: el arte de decir, el arte de ver

Al adentrarme entre los bastidores del teatro museístico, la museografía me pareció esencial en la mediación entre las obras y el público. Además, como instrumento de mediación cultural implica una reflexión sobre el papel de las instituciones en la construcción de nuevos vínculos entre política, cultura y espacio público. Asimismo, esa mediación debería abarcar un conjunto de prácticas que fomenten la multiplicación de las formas de expresión y la participación del museo en la vida cultural de su entorno. De hecho, la museografía participa en la democratización de la cultura facilitando que el acceso a los medios de creación se amplíe a personas de toda condición.

Antes y después de la preparación de una sala para la instalación de una exposición temporal. Foto: Juliette Raussin

Para ello, el museógrafo busca proponer disposiciones espaciales que permitan una interpretación más libre de las obras dentro de un sistema que sirve a la narrativa tradicional pero la extiende hacia un diálogo con el espectador. La museografía utiliza las salas de exposición como medios de comunicación «autoparlantes» que llevan un discurso implícito. La especificidad de esta disciplina se basa en una polifonía verbal y visual casi sinestésica, transmitida por el medio tradicionalmente denominado «exposición». Es decir, la museografía construye una polifonía de lenguajes: visual (lo que el espectador ve), espacial (lo que el espectador recorre), sensorial (lo que el espectador experimenta), sin olvidar lo que el espectador sabe y quiere utilizar para dialogar. La mediación a través del espacio funciona como un hipertexto que el público descifra en el transcurso de la exposición, y con el que conversa desde sus propias experiencias.

Se trata de establecer una relación entre público y espacio donde las obras allí dispuestas forman un sistema semántico completo. Esta disposición visual y espacial no solo sirve a la narrativa temática de la exposición, sino también a una intención específica de mediación. En efecto, tras la disposición espacial de una sala se encuentra la intención del museógrafo de producir un determinado efecto sobre el visitante: conmoverlo, orientarlo o incluso desorientarlo. Esta intención se manifiesta a través de técnicas museográficas que tratan de saber como destacar obras, encajándolas en un sistema de interpretación preestablecido por el programa museográfico pero teniendo en cuenta los constructos cognitivos, sensoriales, incluso poéticos, del visitante.

Instalación de la donación Casals i Ariet en la sala 51. Foto: Juliette Raussin

Así, al abordar cuestiones fundamentales de nuestro tiempo, la institución museística intenta contribuir en la construcción de una sociedad autocrítica. Como una gran comedia humana, la institución museística se compromete no solo a representar los procesos de mutaciones socioculturales a través del arte, sino también a revelarlos al visitante a través de una experiencia museística catártica.

Me gustaría agradecer una vez más al director del museo, Pepe Serra, la oportunidad de realizar estas prácticas en este gran museo. También quiero dar las gracias a Lluís Alabern Vázquez y a todo el equipo de Museografía, que hacen un trabajo extraordinario y fascinante a diario, por haber compartido conmigo valiosas lecciones profesionales y humanas. 

Juliette Raussin delante del Museu Nacional

 

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Ana Ponce

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