Adaptarnos a una nueva realidad: el teletrabajo

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Cristina Riera

Hace cuatro meses nadie se imaginaba que nuestra vida cambiaría tanto como lo ha hecho debido a la pandemia provocada por el coronavirus. Hacía tiempo que se oía hablar del teletrabajo y, si bien es cierto que las empresas privadas habían avanzado bastante en este terreno, la administración pública no demasiado. Pero a mediados de marzo todo cambió de un día para otro y nos hemos tenido que adaptar rápidamente a una nueva realidad. El teletrabajo ha aparecido en nuestras vidas como única herramienta para poder continuar con nuestro trabajo durante el confinamiento, y todo hace lleva a pensar que ha venido para quedarse definitivamente.

La nueva realidad de trabajar desde casa
La nueva realidad de trabajar desde casa. Foto: Mikey Harris

Confinamiento y trabajar desde casa

Cuando el museo tuvo que cerrar temporalmente y quedamos confinados en casa, muchos de los trabajadores comenzamos a trabajar voluntariamente con los ordenadores particulares que tenemos en casa. Poco a poco, el museo nos ha ido dotando de ordenadores portátiles que nos han facilitado mucho el trabajo. Hemos podido tener acceso a nuestros directorios internos donde guardamos todos los archivos y el trabajo ha sido mucho más fácil y ágil de llevar a cabo.

Las oficinas del museo vacías
Las oficinas del museo vacías. Foto: Ariadna Blanc

Siempre hay que intentar sacar la parte positiva de todo, aunque sea en un periodo tan difícil y triste como el que estamos viviendo. En un par de meses se ha avanzado en el terreno del teletrabajo a marchas forzadas, como el equivalente quizá a uno o dos años en circunstancias normales.

Ventajas y desventajas del teletrabajo

El teletrabajo aporta muchas ventajas y pocos inconvenientes. Para empezar, ahorra a los trabajadores el tiempo de desplazamiento de casa al trabajo y viceversa. Si vives en Barcelona ciudad hablamos de entre hora y hora y media diaria entre ida y vuelta. Pero hay bastantes compañeros que viven fuera de Barcelona y hay quien dedica entre dos y tres horas diarias a los viajes. Además, ahorrarnos estos desplazamientos también promueve que podamos dormir y descansar más. El despertador suena más tarde. Y no nos podemos olvidar del bien que hacemos al medio ambiente. La disminución de desplazamientos con vehículo particular conlleva una reducción importante en cuanto a la emisión de gases contaminantes y, consecuentemente, una mejor calidad del aire que respiramos. Sólo hay que comprobar los datos hechos públicos durante las semanas más estrictas de confinamiento, que confirman una reducción importante de la contaminación del aire.

Teletrabajo y conciliación familiar
Teletrabajo y conciliación familiar. Foto: Charles Deluvio

Otra ventaja que yo considero la más importante es la conciliación familiar. Antes me llevaba la fiambrera al trabajo, siempre iba cargada con la comida arriba y abajo, y comía rápido para salir temprano y llegar pronto a casa. Ahora puedo comer cada día con mis hijos y dedicarles más tiempo. Además, por la tarde, puedo pasar más tiempo con ellos. Cuando acabo en el trabajo, ya estoy en casa, y esta hora que dedicaba a llegar del trabajo a casa y ponerme ropa cómoda, ahora la dedico a ayudarles en sus tareas escolares.

Por otra parte, aunque en el museo tenemos unos despachos equipados con todo lo que necesitamos, no es lo mismo que trabajar desde casa con todas las comodidades a tu alcance. Se trabaja más relajadamente. Ahora que hace tan buen tiempo, me puedo sentar en el balcón y trabajar con el portátil mientras oigo pájaros y me da el aire y el sol. También me gusta trabajar en el sofá de casa con música relajada de fondo.

Despacho del museo sin trabajadores
Despacho del museo sin trabajadores. Foto: Ariadna Blanc

Pero las ventajas no sólo son para los trabajadores. La empresa también goza de algunos. En el museo somos alrededor de 130 personas de plantilla. Esto significa que cuando teletrabajamos el museo ahorra en consumos de agua, luz y gas. Además, hay un menor uso y, por tanto, un menor desgaste de las instalaciones. Por otra parte, un empleado que trabaja más a gusto y más relajadamente desde casa está mucho más receptivo y es mucho más productivo. ¡Así que todos salimos ganando!

En cuanto a los inconvenientes, como ya os he adelantado, considero que hay pocos. Personalmente, uno de los que más me pesa es el distanciamiento social con mis compañeros. Con algunos de ellos son 25 años compartiendo el día a día. Aunque con los que tengo más amistad y más contacto voy hablando a menudo o hacemos videollamadas para vernos, no es lo mismo. Antes, desayunaba y comía con ellos y a menudo realizaba el trayecto del museo a casa acompañada. También echo de menos mi despacho con las plantas y las cosas personales que todos tenemos para sentirnos un poco como en casa.

También hay que decir que hay trabajos que permiten hacer más teletrabajo y otros que requieren más trabajo presencial. Pero bueno, como todo en la vida, lo mejor es encontrar el punto medio, un equilibrio, y ahora que poco a poco vamos recuperando una cierta normalidad, una buena solución es la que el museo ha empezado a implementar dependiendo de las necesidades de cada departamento y de las personas que trabajamos en él: una combinación de días de trabajo presencial con otros de teletrabajo.

Cristina Riera
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