La cocina de los traspasos de pintura mural

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Figura 1 Steffanoni

Taller de restauración de madera del museo y fotografía durante la campaña de arrancamientos 1919-1923, con Steffanoni en el centro. Foto: Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Autor: desconocido

Queso, leche, gelatina, harina, podrían ser algunos de los ingredientes distribuidos sobre las mesas del taller de restauración de Franco Steffanoni. Y no estamos hablando de un cocinero, sino de un restaurador de los otros, de los que trabajan con obras de arte. Puntualizamos: con bienes patrimoniales materiales (que nadie nos pueda negar que, los platos, son también obras de arte).

Steffanoni fue el restaurador italiano que, ayudado por Cividini y Dalmati, entre 1919 y 1923, arrancaron algunas de las pinturas murales de los Pirineos que se encuentran actualmente en la colección del museo. Hay numerosa literatura sobre ese hecho histórico que impulsó la Junta de Museos de Barcelona para evitar el expolio y la dispersión de conjuntos románicos, como acababa de ocurrir en 1919 con Santa Maria de Mur. Aquí nos centraremos solo en reportar cómo y qué materiales se utilizaron.

Procés arrencament

Diferentes momentos del proceso de arrancamiento, traslado y traspaso de pinturas murales. Foto: Arxiu Fotogràfic de Barcelona. Autor: desconocido

Historia de los arrancamientos

La causa y el origen de la práctica de arrancamientos de pintura mural se encuentran en el coleccionismo, y ya se utilizaba en época de Vitrubio y Plinio. Entonces, el arrancamiento se hacía a stacco a masello, es decir, arrancando incluso parte del muro donde se había realizado la obra. En el transcurso de la historia, la técnica fue evolucionando con la intención de que la parte arrancada fuese cada vez más delgada, para así poder traspasarla sobre tela, y colgar la pintura para decorar las paredes de los coleccionistas particulares.

Así fue como en 1730, Antonio Contri, en Cremona, experimentó por primera vez con éxito la técnica del strappo, que es muy sencilla. Consiste en adherir sobre la superficie pintada, telas de algodón impregnadas con una gelatina (cola de conejo), para que la tensión que crea la misma cola al secarse haga la fuerza suficiente como para arrancar una fina capa de pintura carbonatada, que queda adherida a la tela. Más tarde, a mediados del siglo XIX en Bérgamo, Giovanni Secco Suardo creó una escuela de restauración especializada en arrancamientos y traspasos. Utilizaba precisamente la técnica del strappo, y para pegar la pintura arrancada a un nuevo soporte de tela desarrolló un adhesivo hecho con una mezcla de cal, queso y leche. Steffanoni fue discípulo de esta escuela y utilizó en sus intervenciones materiales y métodos muy similares.

Fórmulas e ingredientes

Volvamos a las mesas del taller de restauración de Steffanoni, Cividini y Dalmati. Tendrían que haber cantidades importantes de queso fresco rallado. Andreu Asturiol, restaurador colaborador de Gudiol, que entre los años 1950 y 1960 continuó aplicando la misma técnica de traspaso introducida por los italianos, recuerda cómo podían llegar a pasar una mañana entera esperando a que les rallasen “todo” el queso que acababan de comprar para realizar una intervención.

Hervían ese queso y la pasta resultante la mezclaban con cal, en una proporción de uno a tres. Por último, añadían leche fresca, para que esta mezcla o mastich como ellos la llamaban –caseinato, como decimos nosotros– no se secase demasiado rápido y se pudiera trabajar bien. De hecho, hasta que no se cerraron las lecherías de Barcelona, los restauradores del museo recibían de vez en cuando a los repartidores de leche. Con el paso del tiempo, sin embargo, estas formulaciones han ido cambiando y cada vez se han introducido más productos industriales.

Ingredients

Queso, leche y diferentes tipos de gelatinas (cola de conejo y cola de pescado). Los tres ingredientes se utilizan en la fórmula original de Secco Suardo para realizar traspasos de pintura mural

Los análisis

Estos ingredientes, aún hoy, se encuentran en las capas internas de las pinturas murales expuestas en las salas de románico. Ya que tenemos la responsabilidad de conservarlas, tenemos también la obligación de conocer cómo evolucionan estos materiales con el paso del tiempo. Lo que se consigue con análisis fisicoquímicos. Los resultados de las pruebas científicas que nos han permitido avanzar en el conocimiento del comportamiento de estos materiales se presentaron en la jornadas de La Ciencia y el Arte V celebradas en el Reina Sofía, en noviembre de 2014.

Una pincelada de química

¿Cómo puede llegar a pegar una mezcla de queso y cal? La principal proteína de la leche es la caseína. Como toda proteína, es una cadena de aminoácidos enlazados y, por lo tanto, un polímero. Estas cadenas se pueden combinar entre ellas, o con otros compuestos químicos, y tejer redes, lo que acaba confiriendo a la caseína propiedades adhesivas. Además, la caseína presenta en la cadena grupos químicos reactivos, ácidos y fosfatos, que actúan como anclas o imanes con su entorno. Esta característica de la caseína, presente tanto en la leche como en el queso, es la responsable de que ya desde antiguo, como cita Ceninno Ceninni, se utilizasen los lácteos como aglutinantes de pintura.

La técnica de traspaso consistía en pegar, con el caseinato preparado, dos telas de algodón de trama muy abierta, sobre el reverso de los fragmentos de pintura mural que habían traído, enrollados y a lomos de mulas, de los Pirineos. Eso les daba consistencia y como era insoluble, permitía eliminar con agua caliente las telas con cola que aún se conservaban en la parte de delante, utilizadas durante el arrancamiento. Por último, para volver a presentar todo el mural, los fragmentos se adherían sobre reproducciones de los ábsides realizadas con bastidores de madera, tela y preparaciones de yeso. Que nadie se adelante: no damos por supuesto que utilizasen en este último paso el mismo adhesivo de caseína. Preparaban otro diferente. Esta vez a base de harina, que contiene almidón, otro polímero, pero construido con unidades de glucosa encadenadas. Hacían una especie de “bechamel” sin leche, solo con agua, a la que añadían gelatina.

Intervencions

Restauradores interviniendo los reversos de la pintura mural arrancada. Fotos: Archivo del Museu Nacional

Los resultados

Nos admira que mucho antes de la revolución de la química industrial, los restauradores del pasado fuesen capaces de ingeniar un sistema contundentemente eficaz en el momento de la aplicación y, a su vez, sorprendentemente inteligente en lo que respecta a su evolución con el paso del tiempo. Aunque los polímeros naturales como la caseína, o la misma celulosa de las telas de algodón, envejecen y pierden resistencia, ese efecto resulta en parte compensado por la carbonatación que experimenta la cal de la mezcla inicial, que endurece y actúa al mismo tiempo como adhesivo. ¡Sencillamente, brillante! Ahora es el momento de mantener este sistema en condiciones de humedad y temperatura controladas, para garantizar su máxima perdurabilidad.

Cuando visitéis las pinturas murales románicas del museo, a la vez que disfrutáis de las composiciones de formas y colores, y de sus relatos, podréis dedicar, a partir de ahora, un breve pensamiento a sus capas internas, que son todo un mundo. Están repletas, por ejemplo, de nódulos microscópicos que contienen fósforo y cal, y que son las huellas que ha dejado la caseína, reflejo de su función principal en la leche de los mamíferos: envolver núcleos de fosfato de calcio para facilitar el transporte de minerales hacia los recién nacidos y evitar que dichos minerales precipiten y obturen las glándulas mamarias.

Caseïna

Detalle de la parte posterior de un ábside expuesto en el museo. Imágenes de microscopia electrónica (a más de 1.000 aumentos) de muestras de Santa Maria de Taüll, Sant Climent de Taüll y Sant Romà de les Bons, donde se observa la presencia de nódulos que contienen fósforo (P) y calcio (Ca)

En definitiva, es como si la cocina de los restauradores de principios del siglo XX hubiera conseguido nutrir a unas pinturas creadas hace unos mil años, en su nuevo nacimiento después del arrancamiento, de lo que pronto se cumplirán cien años.

Núria Oriols
Restauració i Conservació Preventiva

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