Los secretos de la tercera cara de la moneda

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Albert Estrada-Rius

Hablar de las dos caras de la moneda es una frase hecha corriente que olvida que existe una tercera con nombre propio: el canto. Este podría ser definido como el contorno exterior y lateral que delimita y rodea las dos caras -anverso y reverso- de una moneda o de una medalla. Se trata de una parte que pasa desapercibida pero que tanto los que fabrican la moneda como los numismáticos tienen muy en cuenta. Desvelamos a continuación algunos de los secretos y particularidades de su historia.

El canto a lo largo de la historia

Como la moneda es tridimensional podemos decir que el canto ha existido desde siempre. Recordemos que el numerario apareció de manera independiente y casi paralela en China en el s. VI aC. y en la región de Lidia, en la actual Turquía, en el siglo VII aC. Las piezas fabricadas en tierras de los ancestros del rey Creso de Lidia, famoso por su riqueza en oro, son consideradas los precedentes más remotos de nuestras monedas. Las primeras acuñaciones lidias no eran más que pequeños glóbulos de electro en los que se imprimía en martillo un símbolo de la autoridad pública.

1/6 d’estátera de Kyzikos, 500-450 aC. Museu Nacional
1/6 d’Estátera de Kyzikos, 500-450 aC. Museu Nacional

Las emisiones de la antigüedad clásica se caracterizaron por unos cantos gruesos y bombeados que, obviamente, podían ser limados.

Tesoro de denarios romanos, poco después del 44 aC
Tesoro de denarios romanos, poco después del 44 aC

En previsión de esta eventualidad o, más bien, como una respuesta previsora, se enmarcaron los contornos de las caras con un círculo dibujado con una línea continua o discontinua, con perlas o puntos que llamamos moleteado. Este es un elemento ornamental que ha perdurado hasta la actualidad en el diseño de muchas piezas.

Macrí (217-218), Denario de Roma. Museu Nacional
Macrí (217-218), Denario de Roma. Museu Nacional

Jaime I, llamado «El Conquistador», Dinero de Barcelona, 1222-1256
Jaime I, llamado «El Conquistador», Dinero de Barcelona, 1222-1256

Archiduque Carlos, 2 rales de Barcelona, 1710. Museu Nacional
Archiduque Carlos, 2 reales de Barcelona, 1710. Museu Nacional

Alfonso XII, cuño falso inutilizado y duro de Madrid del mismo monarca, 1885. Museu Nacional
Alfonso XII, cuño falso inutilizado y duro de Madrid del mismo monarca, 1885. Museu Nacional

La falsificación de moneda por el sistema de chapar con una lámina de metal fino un alma de cobre ya aparece en algunas piezas griegas. Por ejemplo, en el tesoro de la neapolis de Emporion, conservado en el museo.

Tesoro de ka neapolis de Emporion
Tesoro de la neapolis de Emporion, 395-375 aC
Una de las fracciones falsas del Tesoro de la Neapolis de Emporion
Una de las fracciones falsas del Tesoro de la Neapolis de Emporion. Se ve como ha saltado un trozo del chapado.

Los romanos, en previsión de evitar este tipo de práctica, introdujeron un dentado al canto de unas emisiones de denarios de plata que se llaman, justamente por esta característica, «serratus». Esta medida no fue suficientemente eficiente y, como prueba, también se conservan ejemplares falsos que la imitan. Por lo tanto, pronto se abandonó. Seguramente se trata del primer canto trabajado de la historia.

Denario “serratus” de Roma, 106 aC. Museu Nacional
Denario “serratus” de Roma, 106 aC. Museu Nacional

La tardoantigüedad y su precariedad metálica introdujeron unos cospeles monetarios finísimos que son característicos de las emisiones alto medievales. Se trata de una peculiaridad que es el resultado del sistema de fabricación imperante en aquella época y que se basaba en el recorte circular de los cospeles o discos a partir de finas láminas o planchas de metal. Una vez recortados y marcados los tipos monetarios a golpe de martillo era necesario que, con una herramienta similar a unas tenazas, tomaran una pila de monedas para que los cantos pudieran ser golpeados con una masa de madera. La finalidad era allanar o suavizar el recortado afilado del canto para evitar cortarse al coger las monedas con las manos.

Tesoro de Òrrius, hacia 1032-1041
Tesoro de Òrrius, hacia 1032-1041

La llegada masiva de metales en Europa después del descubrimiento de América provocó una inflación que llevó a fabricar monedas más grandes y gruesas. El canto también creció en proporción y volvió a tener protagonismo. En algunas piezas grandes de plata llegó a tener un grosor considerable. En tierras del Sacro Imperio Romano-Germánico se puso de moda, incluso, aprovechar dos monedas grandes para convertirlas, una vez despejadas, en una pequeña caja de metal en la que guardar alguna imagen estimada y secreta.

Caja-moneda hecha a partir de dos Táleros de Carlos VI, emperador del Sacro Imperio Romano y Germánico, 1721. Museu Nacional
Caja-moneda hecha a partir de dos Táleros de Carlos VI, emperador del Sacro Imperio Romano y Germánico, 1721. Museu Nacional
Caja-moneda hecha a partir de dos Táleros de Carlos VI, emperador del Sacro Imperio Romano y Germánico, 1721. Museu Nacional
Caja-moneda hecha a partir de dos Táleros de Carlos VI, emperador del Sacro Imperio Romano y Germánico, 1721. Museu Nacional

Uno de los sistemas más económicos y fáciles de falsificar moneda ha sido la fosa a partir de unos moldes extraídos directamente de las piezas originales gracias al uso de arcilla fresca. Este sistema permitía reproducir con mucha exactitud las piezas originales con la excepción del canto. En esta parte la sutura de las dos valvas del molde quedaba marcada y delataba la pieza como falsa. Para evitarlo se hacía necesario un limado del canto no siempre fácil de disimular en el ojo experto. Aún hoy en día una de las primeras partes de la moneda que mira un numismático cuando tiene una pieza en la mano es el canto.

Molde de cobre para falsificar monedas de 8 reales de Felipe II de España, 1556-1598. Museu Nacional
Molde de cobre para falsificar monedas de 8 reales de Felipe II de España, 1556-1598. Museu Nacional

La fabricación mecánica de la moneda con molinos hidráulicos, como los que se pueden visitar en la musealización del Real Ingenio de la Moneda de Segovia, tuvo como efecto inmediato producir una moneda más bien impresa, con un cospel perfectamente circular y con un canto liso y pulido. Esto era el resultado de acuñar, con la ayuda de rodillos de acero, grabados con el negativo de las imágenes a imprimir, las tiras de metal de las que había que extraer la moneda con la ayuda de cortantes mecánicos. Era, por decirlo de manera coloquial, cómo hacer galletas y en las colecciones del Museo también tenemos algún ejemplo en forma de recorte o cizalla. Esta mejora implicó un primer golpe importante contra la plaga de recortar, limar o Sísara las piezas de oro y de plata.

Felipe IV, 8 reales de Segovia, 1651. Museu Nacional
Felipe IV, 8 reales de Segovia, 1651. Museu Nacional

Alrededor de 1680 el ingeniero francés Castaing inventó la máquina de acordonar el canto. A partir de entonces este último floreció con estrías, acanalados, trenzados de espigas, cadenetas de hojas de laurel o, incluso, con inscripciones en relieve o incuso. ¡Son los cantos epigráficos! El cordón cumplía la doble función de prestigiar y ennoblecer cada pieza y, al mismo tiempo, servir de eficiente medida de seguridad. Es por ello que el acordonamiento se reservaba normalmente en la moneda de oro y de plata y no a la de cobre. El canto acontecía, definitivamente, la tercera cara de la moneda y, como tal, se describía con cuidado en los decretos de emisión con el resto de características. Con el acordonamiento desaparecía para siempre el recorte de las monedas.

Tesoro de Polinyá, primer cuarto de S.XVIII
Tesoro de Polinyá, primer cuarto de S.XVIII

La evolución tecnológica con la acuñación con prensas de volante también se perfeccionó con el añadido de una pieza de metal o virola que permitía acuñar el canto al mismo tiempo que el anverso y el reverso. La fabricación de monedas con prensas automáticas mantuvo el cuidado del trabajo de las monedas hasta la actualidad. Son propios de esta época los cantos resaltados con un listel que permite apilar las monedas sin rayar el grabado de los tipos de las caras.

Prensa de acuñación de moneda y máquina de acordonar cantos
Prensa de acuñación de moneda y máquina de acordonar cantos. Dibujo a la tinta copia de una lámina de la obra de Nöel Pluche, Espectáculo de la naturaleza. Madrid, 1756-1768. Biblioteca J. M. Folch i Torras.

Tesoro de Alcoletge, poco después de 1847
Tesoro de Alcoletge, poco después de 1847

En los últimos años las monedas de euro han mantenido la tradición de la decoración de los cantos que, aparte de ornamentar las piezas, han dotado de un nuevo sentido a la tercera cara de la moneda al permitir a los invidentes distinguir por el tacto los varios valores del sistema monetario. Ahora, después de acercarse a una de las partes más discretas de la moneda y repasado un montón de términos específicos de numismática, sólo hay que poner la mano en el bolso y fijarnos en los cantos.

Pila de monedas de euro
Pila de monedas de euro. Foto: Ibrahim Rifath

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