La clave flamenca en las colecciones del museo: tres vírgenes góticas

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Elsa Espín

A inicios del siglo XV apareció en Flandes una nueva manera de pintar de la cual Jan van Eyck fue el mascarón de proa.  Aunque no inventó la pintura al óleo como legendariamente se ha dicho, su manera de utilizarla fue completamente revolucionaria al no emplearlo solo como barniz, sino también como aglutinante para los pigmentos, lo que confiere un aspecto muy brillante a las obras. A ello hay que añadir una atención a los detalles y juegos de luces, una concepción nueva del paisaje con una unidad visual verdaderamente convincente, y un fuerte ilusionismo que confiere a los cuadros la sensación de ser ventanas abiertas a otro mundo.

Hubert y Jan van Eyck, Retablo del cordero místico (detalle), 1432. Catedrale Saint-Bavon, Gante

Hubert y Jan van Eyck, Retablo del cordero místico (detalle), 1432. Catedrale Saint-Bavon, Gante. Fuente: Wikimedia Commons, dominio público

La influencia de Flandes en Cataluña

Esta revolución pictórica influyó en toda Europa. La Corona de Aragón estuvo marcada por la estética del norte, sobre todo gracias a la política cultural de Alfonso el Magnánimo (rey de 1416 hasta 1458), que introdujo muchas obras y artistas flamencos en sus territorios. Los numerosos intercambios comerciales y también los viajes de artistas y los  movimientos de obras supusieron un modo de contacto fundamental con la cultura flamenca, que determinó una transformación pictórica importante.

La escena artística barcelonesa representa uno de los ejemplos más elocuentes de estos cambios, sobre todo a través de Lluís Dalmau, de Jaume Huguet y también de los Vergós y de Bartolomé Bermejo, de quienes se conservan obras importantes en el Museu Nacional d’Art de Catalunya.

Lluís Dalmau, el pintor “de la casa del senyor rei”

El retablo de la Virgen de los Consellers de Lluis Dalmau  es probablemente la obra que mejor ilustra esta renovación pictórica. Copia del estilo de Jan Van Eyck, esta Mare de Déu es una referencia directa a obras maestras del flamenco como la Virgen del canónigo Van der Paele (Groeningemuseum, Brujas) y el famoso Retablo del cordero místico de los hermanos Van Eyck (catedral Saint-Bavon, Gante) que Dalmau pudo ver personalmente durante su viaje a Flandes en los años 1430.  Esto se advierte particularmente en la representación de la Virgen y de los ángeles músicos, modelos copiados de las obras del maestro de Brujas.

Lluís Dalmau, Virgen de los «Consellers», 1443-1445

Lluís Dalmau, Virgen de los «Consellers», 1443-1445

Fiel a la técnica y a la manera de Jan van Eyck, Dalmau pintó esta tabla al óleo, aunque en aquella época en Cataluña se pintaba sobre todo al temple. Su virtuosismo queda demostrado en un ilusionismo que sobresale en la producción de la primera mitad del siglo XV catalán, apreciable tanto en la reproducción de los lujosos materiales (terciopelo de las ropas, pedrerías etc…) como en el paisaje verdoso y en los retratos realistas de los consellers.

Jan Van Eyck, Virgen del Canónigo, 1436. Fuente: Wikimedia Commons, dominio público

Jan Van Eyck, Virgen del Canónigo, 1436. Fuente: Wikimedia Commons, dominio público

Jaume Huguet y la influencia de Dalmau

La obra de Dalmau debió tener una influencia importante en la difusión de la manera flamenca en la escena artística local, de que destaca la figura de Jaume Huguet, que fue el pintor más importante de la segunda mitad del siglo XV en Cataluña.

La confrontación con la Virgen del Retablo de Vallmoll  de Huguet, expuesta al lado de la madona de Dalmau, es muy significativa.  Aunque Huguet hizo su propia interpretación de esta manera de pintar, podemos apreciar claras referencias a la primera obra evocada. Vemos a la Virgen en majestad, sentada en un trono gótico, vestida de rojo con un manto azul, y rodeada por ángeles músicos. Junto a ello tenemos que fijar también en la atención que el pintor puso en la representación de cada detalle: la finura de las esculturas del trono, la riqueza de las joyas y de los bordados, e incluso las filacterias con escrituras y partituras que se pueden leer.

Jaume Huguet, Virgen, hacia 1450

Jaume Huguet, Virgen, hacia 1450

Notemos, sin embargo, una diferencia fundamental entre las dos tallas. En la obra de Huguet el fondo no está compuesto por un paisaje ilusionista, sino por un fondo dorado, como en muchas obras catalanas de aquella época. Esta imposición, voluntad de los promotores, no impidió a los pintores intentar integrar en sus obras todos los elementos flamencos posibles. Así, aunque sigan mostrando un cielo dorado completamente irreal, podemos ver en las tablas de los retablos de San Miguel y de San Agustín un intento de la presentación de paisaje.

El Maestro de la Porciúncula y los ecos de Jan Van Eyck en tierras valencianas

Las obras de Lluís Dalmau y de Jaume Huguet, también se pueden comparar con la tabla de la Virgen de la Porciúncula, pintada por el anónimo valenciano llamado Maestro de la Porciúncula, presentada en las salas junto a las de Lluís Dalmau y de Jaume Huguet.

Maestro de la Porciúncula, Virgen de la Porciúncula, hacia 1450

Maestro de la Porciúncula, Virgen de la Porciúncula, hacia 1450

Aunque la factura podría parecer más tosca, esta tabla valenciana subraya una fuerte conexión con el mundo “eyckiano”. La atención a los detalles con un objetivo claramente ilusionista, como se aprecia en las coronas de flores de los ángeles y las ricas joyas del abrigo de la Virgen, se mezcla con la tradición pictórica local, como en el caso de Jaume Huguet. Además, el artista parece hacer unas referencias directas a la pintura flamenca, como en los gestos y atributos del Niño Jesús, que recuerdan la pintura de Jan van Eyck, especialmente la Virgen del canciller Rolin (musée du Louvre, Paris). También hay que hacer notar el uso de la técnica mixta, una combinación de temple y óleo.

Jan Van Eyck, Virgen del canciller Rolin, hacia 1435. Fuente: Wikimedia Commons, dominio público

Jan Van Eyck, Virgen del canciller Rolin, hacia 1435. Fuente: Wikimedia Commons, dominio público

Obviamente, Lluís Dalmau y su viaje a Flandes tuvieron que tener un papel importante en el desarrollo del vocabulario iconográfico y de la técnica flamenca sobre los pintores locales.

Las obras de todos estos artistas ponen de manifiesto la variada recepción de la pintura flamenca en territorios catalanes, y la posibilidad de contemplarlas juntas en el museo nos permite apreciar sus similitudes y nos invita, asimismo, a distinguir sus particularidades.

Elsa Espín
Doctorado en Historia del Arte Medieva. Universitat Autònoma de Barcelona y Sorbonne Université de Paris
Z_Estudiants en pràctiques de Postgraus i Màsters

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