Identidades femeninas en el arte

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Ramon Casas. La pereza, hacia 1898-1900.

Ramon Casas. La pereza, hacia 1898-1900.

La colección del Museu Nacional d’Art de Catalunya conserva un gran número de obras en las que la imagen de la mujer cobra un gran protagonismo, y se convierte en un verdadero reclamo publicitario. Lejos de perpetuarse el estereotipo icónico más convencional que proyecta un cliché cultural fijo, que asocia a la mujer con determinados comportamientos maternales o actividades hogareñas, el cartel moderno descubre nuevas facetas de la condición femenina, hasta entonces muy poco exploradas. Coincidiendo con el final del siglo XIX, esta transformación cultural y social se intensifica y los artistas reflejan los nuevos modelos femeninos: el decadentismo o el simbolismo contribuyen a forjar una actitud esteticista, que sublima la figura de la mujer como fuente de evasión ante una realidad insatisfactoria.

La reivindicación de la pereza

Las protagonistas adoptan, sin ningún tipo de pudor ni recato, una actitud indolente, de abandono, ocupadas en la realización de actividades ociosas y se recrean en el placer del dolce far niente. Así, el cartel Cigarrillos París deviene uno de los ejemplos que mejor sintetizan el éxito de un movimiento estético en el que una mujer, ocupada en el acto de fumar con absoluta delectación, se convierte en la cómplice necesaria para alcanzar los objetivos publicitarios perseguidos. Visualmente, el mensaje aparece reforzado por la representación del efecto causado por el humo que desprende el cigarrillo encendido.

Aleardo Villa. Cigarrillos París. 1901.

Aleardo Villa. Cigarrillos París, 1901.

Fernand Touissant. Café Jacqmotte. 1897.

Fernand Touissant. Café Jacqmotte, 1897.

Henri Privat-Livemont. Rajah. 1899.

Henri Privat-Livemont. Rajah, 1899.

El motivo caprichoso de una voluta que adopta una forma geométrica corpórea es un recurso muy frecuente en el lenguaje publicitario. Hay otros carteles en los que vemos el mismo efecto causado por una columna de humo ascendente que, en estos otros ejemplos, proviene de una taza de té, café o cacao.

Sensualidad orientalista

El trasfondo escapista, que tiene sus precedentes en la pintura orientalista, siendo la odalisca su principal emblema, se enmarca en un contexto muy contemporáneo, que incorpora las novedades de los tiempos modernos. El refinamiento, la elegancia, la coquetería o la sofisticación de las protagonistas constituyen una muestra de algunos de los nuevos valores que cultiva la mujer. Así, la moda, con sus gustos cambiantes y una amplia gama de productos destinados a potenciar la autoestima y el reconocimiento social, es uno de los indicadores del enraizamiento de una nueva cultura en la que la belleza ocupa un lugar central.

La construcción de este modelo femenino no es privativo del cartel publicitario. La pintura incluye ejemplos muy representativos de esta iconografía. Así, la influencia orientalista está muy presente desde época romántica y producciones como La odalisca de Mariano Fortuny, obra de 1861, a pesar de su dependencia de las fuentes literarias, emerge como uno de los primeros y más destacados ejemplos de producciones de estas características. Sin pretenderlo, Fortuny codificará el estereotipo del ensueño orientalista, personificado por la imagen de una mujer sensual, que exhibe su desnudez sin ningún tipo de recato. En el contexto de una sociedad puritana, que únicamente aceptaba la representación del desnudo si se enmarcaba en una narración bíblica o aparecía encubierto por una escena mitológica, es fácil entender que la crítica no viera con complacencia la exposición de una obra que resultaba ser demasiado transgresora.

Mariano Fortuny. La odalisca. Roma, 1861.

Mariano Fortuny. La odalisca. Roma, 1861.

Las enfermedades del alma

Curiosamente, apenas dos décadas más tarde, los pintores del período de la Restauración borbónica, activos en Cataluña durante la Febre d’Or, convirtieron a la mujer en uno de los motivos más recurrentes de la práctica pictórica. Si prescindimos del sentido anecdotista y literario de las escenas, o del decorativismo ambiental, muchas producciones de Ramon Casas, como por ejemplo el Retrato de Isabel Llorach (1901), son aún deudoras de una tipología de mujer que transmite elegancia, sofisticación y un alto estatus social.

Romà Ribera. De soirée. Barcelona, hacia 1894.

Romà Ribera. De soirée. Barcelona, hacia 1894.

Sin embargo, coexisten otros modelos femeninos en los que la eufórica joie de vivre es reemplazada por un estado de melancolía, de desapego existencial, que sume a la mujer en un estado de abatimiento, de profunda tristeza, incapaz de sobrellevar los quehaceres cotidianos. Esta extraña enfermedad que obedece a causas metafísicas y no físicas, conocida con el término poético de spleen, acuñado por Charles Baudelaire, se convierte en un emblema de la modernidad.

Ramon Casas. Cabecera de revista Pèl & Ploma, 1899.

Ramon Casas. Cabecera de revista Pèl & Ploma, 1899.

Enlaces relacionados

Catálogo: El cartel moderno en las colecciones del Museu Nacional d’Art de Catalunya

Catálogo: Ramon Casas. El pintor del modernismo

Francesc Quílez
Gabinet de Dibuixos i Gravats

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