El registrador en la gestión de colecciones: una profesión emergente / 1

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Sílvia Tena

Un poco de historia

La profesión del Registrar (denominación anglosajona que deriva de su origen y ascendencia norteamericanos) nace a finales del siglo XIX aunque hunde sus raíces en las colecciones y gabinetes de curiosidades europeos de origen real del siglo XVIII.

En 1881 el U.S. National Museum de Washington D.C. (hoy conocido como Art and Industries Building del Smithsonian Museum) abría sus puertas e incorporaba en su staff, por primera vez en la historia, lo que se denominó una “oficina de Registro”. G. Brown Goode, su codirector, defendió firmemente la creación de un sistema de acceso universal y estandarizado de las colecciones. Brown Goode, muy influenciado por el London’s South Kensington Museum (ahora conocido como Victoria and Albert Museum), en 1895 elaboró un documento, Principles of Museum Administration, donde asentó los principios que sustentarán la posterior filosofía en torno a la gestión de colecciones, basados en la premisa de que el valor de una colección depende en grado máximo de la exactitud y nivel de implementación de la historia documental de todos los objetos que contiene. Por tanto, un espécimen de una colección sin un corpus documental y un inventario al que quedar asociado es un objeto prácticamente sin valor, puesto que no queda accesible para ser visitado o estudiado. Queda descatalogado, desconocido y, a la postre, perdido.

Imagen de la reserva de pintura del Museu Nacional. Foto: Marta Mérida

A principios del siglo XX, amparados por el crecimiento de las comunicaciones, los museos americanos y europeos comenzaron a trasladar colecciones para exposiciones y eventos para el público. Y, en paralelo, los profesionales de los museos comenzaron a idear sistemas estandarizados para inventariar, documentar y ordenar sus fondos para tenerlos controlados y hacerlos universalmente accesibles.

La iniciativa la tomaron los museos de ciencia e historia natural y les siguieron los museos de todas las tipologías hasta que, en la primera década del siglo XX, el “Registro” se fue convirtiendo en una competencia fundamental del trabajo básico de un museo. El Metropolitan Museum, en el Bulletin of the Metropolitan Museum of Art de abril de 1907, menciona que desde 1905 dispone de una Oficina del Registrador y establece que todos los objetos de arte que ingresan por medio de donación, compra o depósito, son recibidos por la Oficina del Registrador. Si no se aceptan, son devueltos al propietario por la misma unidad o departamento. Después de que la Junta Directiva del museo haya aceptado un objeto, el Registrador lo numerará inmediatamente, lo asentará en el libro de inventario de colecciones, lo enviará al estudio del fotógrafo para que lo fotografíe y lo etiquetará.

Las tareas del correo: una función a menudo compartida entre Registradores y Conservadores-restauradores. Foto: Maria Jesús Cabedo

Por las mismas fechas, el Museum of Fine Arts de Boston establecía las funciones de sus profesionales de Registro: control de la logística de las obras, gestiones aduaneras, gestión de préstamos y depósitos, así como el control del inventario de las colecciones, el registro fotográfico y el correcto almacenamiento de los objetos.

La estandarización de protocolos, una necesidad

Sentadas estas primeras bases de la profesión, pronto se hizo patente la necesidad de estandarizar protocolos y homologar los procesos técnicos. El primer intento llegó en 1906 con la creación de la American Association of Museums (AAM), que elaboró los primeros protocolos de estandarización en sus célebres reuniones del año 1907. Durante los primeros cincuenta años, dicha asociación trabajó para establecer estándares y para la implementación de normas para la gestión de colecciones. El primer código de ética de la AAM, Código de Ética para Trabajadores de Museos, vería la luz en 1925.

Los años cincuenta fueron esenciales para el desarrollo de los estándares de la profesión. Los debates entre los profesionales de la gestión de colecciones recogidos en varios encuentros culminaron con la publicación, en 1958, de Museum Registration Methods, el manual de referencia para los profesionales del sector. Desde 1968 hasta 2011, ha sido revisado, actualizado y reeditado, alcanzando en la actualidad su quinta edición.

5ª edición de Museum Registration Methods. Manuel básico del Registrador de colecciones

El auge de esta profesión en Norteamérica se debió al fenómeno de las acreditaciones que vivieron los museos americanos en la década de los sesenta a raíz del llamado Informe Belmont, sobre el estado de los museos americanos, que había sido encargado por el Consejo Federal de Artes y Humanidades a petición de Lyndon B. Johnson en 1976.

Muchos museos americanos aspirantes a recibir financiación federal se dieron cuenta de que la profesión necesitaba un sistema de acreditación para alcanzar el estándar de calidad en Administración de Museos. Este proceso condujo, en primer lugar, a la profesionalización estandarizada de registradores y conservadores y, en segundo lugar, a la rápida proliferación de diferentes grados universitarios específicos en Collections Management. Basta con enumerar unos cuantos para hacernos una idea de la dimensión que tomó la profesión en los años setenta en Norteamérica: el Cooperstown Graduate Program (desde 1964), el University of Delaware’s Museum Studies Program (desde 1972), el JFK University Program en San Francisco (desde 1974) o el Georges Washington University Museum Program (desde 1976). Un informe similar al Belmont se redactó en Francia años después: el Informe Richer (2003), que abordaba la problemática de la gestión de colecciones.

Imagen de la reserva de escultura de piedra del Museu Nacional. Foto: Marta Mérida

En Europa los primeros Registradores y expertos en gestión de colecciones datan de finales de los setenta. Los primeros Registrars de que se tiene constancia en los organigramas de los museos son los de la National Gallery, que tuvo un departamento de Registro desde 1977, la National Portrait Gallery, en 1978, y la Tate Gallery, en 1979.

En España, la formación de este perfil profesional tuvo que esperar hasta finales de la década de los años ochenta, con la llegada de las renovaciones, ampliaciones y apertura de nuevos centros museísticos. El primer Registrador está documentado en 1986 y el primer centro en implementarlo fue el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), a la sazón dirigido por Tomás Llorens. Llorens había incorporado en el departamento curatorial a Vicente Todolí, graduado en Museum Studies en Estados Unidos. Todolí impulsó el primer departamento de Registro y gestión de colecciones en un centro español e invitó a Corinne Diserens y a Elizabeth Carpenter a instruir al personal del recién creado departamento de colecciones, siguiendo la metodología del registro de los museos americanos.

Posteriormente, y a falta de plataformas de formación en España, el personal de Registro del IVAM se trasladó a los departamentos de Registro del MOMA, el Whitney y el Guggenheim de Nueva York para completar la formación. Había nacido la profesión del Registro en España, y en el organigrama quedaba al mismo nivel que los departamentos de Restauración y Conservación.

Poco a poco, otros centros españoles incorporaron la figura del profesional de la gestión de colecciones: Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Thyssen Bornemisza o el caso del Museo del Prado que, aunque disponía de un Servicio de Documentación desde 1985, no será hasta 1991 cuando aparezca mencionado en su organigrama por primera vez la figura del Registro.

En Cataluña, el despliegue de la profesión se produce a finales de los ochenta y vive un fuerte impulso a partir de los Juegos Olímpicos de 1992, gracias a las muchas exposiciones temporales que se organizaron y a la aparición de nuevas salas: la de la Caixa de Pensions, a las que siguieron las de Caixa de Catalunya, del Museu d’Art Contemporani (MACBA), del Centre de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), de la Fundació Tàpies, de la Fundació Miró o las remodeladas del Museu Nacional d’Art de Catalunya. Aunque algunos centros ya disponían de departamentos de documentación, todos incorporaron los estándares del Registro, en algunas ocasiones como un departamento específico de Registro y Gestión de colecciones y, en otras, combinándolo con la coordinación expositiva.

En paralelo a la creación de nuevos centros e instituciones, en Cataluña se articulará la red de museos nacionales, comarcales y locales. Aunque la concienciación de las instituciones sobre la necesidad de estos profesionales ha ido creciendo a medida que aumentaba el volumen de préstamos de objetos y movimiento de bienes artísticos, no ha sucedido lo mismo en cuanto a su formación continua ni en la legislación, todavía sujeta a la Llei de Museus 17/1990 de 2 de noviembre o a la Llei de Patrimoni Cultural Català 9/1993 de 30 de septiembre. Existen plataformas desde las que el profesional de Registro puede ir actualizando sus estándares de calidad. Una de las más activas es la llamada Conferencia Europea de Registradores, que se puso en marcha en 1998.

Fichas de inventario antiguas, hoy sustituidas por softwares especializados en documentación de colecciones . Foto: Wikipedia

¿Qué se entiende por Registro y la Gestión de Colecciones?

Existen dos maneras de entender lo que en el mundo anglosajón es conocido como Collections Management:

  • la escuela americana, o de ascendencia anglosajona, que, englobando las tareas anteriormente descritas, abarca también aspectos relacionados con la logística integral de las colecciones.
  • la escuela o vertiente europea, más vinculada al registro físico de las piezas, la catalogación, la documentación y la conservación de colecciones.

El modelo angloamericano

Dada la especialización del Registrador en campos como el transporte, los seguros o el mantenimiento de los fondos, en el ámbito americano el Registrador trabaja de manera independiente del Curator o Conservador, y su función gira en torno a una misión central: registrar y mantener los inventarios.

Esta función se definió en el Código de Ética para los Registradores redactado en 1984 por el Registrars Commitee, en el seno de la Asociación Americana de Museos y, en el caso de Gran Bretaña, por el artículo 2 del acta fundacional del United Kingdom Registrars Group (UKRG) de 1992, revisada en 2014. En ambos documentos se establece que la misión troncal de este profesional está dominada por tareas eminentemente logísticas, aunque se incluyen también responsabilidades sobre políticas de adquisición y gestión de ingresos (donaciones, depósitos, compras, daciones, etc.).

Cuando ingresa un objeto la implementación de la ficha técnica básica es competencia del Registrador de Gestión de colecciones. Foto: Bark Frameworks

Son, además, responsables de la gestión de los préstamos, el transporte, el embalaje (en estrecha relación con Conservación Preventiva), el almacenamiento, la gestión de aduanas y de seguros. Tienen que estar especializados en la gestión de riesgos y en logística y una de sus máximas responsabilidades es la creación y gestión de documentación legal de las colecciones, garantizando la seguridad de los objetos, asegurando sus trayectos, organizando su transporte y verificando los inventarios.

El modelo europeo

El modelo europeo es diferente del angloamericano. Se caracteriza por la figura dominante del conservador de patrimonio o curator de colecciones quien, además, supervisa el inventario de los fondos, los documenta y gestiona sus préstamos para proyectos expositivos que lo soliciten. El departamento de registro de colecciones en el Centro Georges Pompidou de París se puso en marcha en 1977 según este modelo, y posteriormente fue copiado por el Musée d’Orsay y otros. Poco a poco, el modelo francés del Registrador –aunque manteniendo su fuerte vinculación curatorial– ha ido derivando hacia la gestión del préstamo y sus riesgos asociados a la circulación de obras de arte y bienes de interés patrimonial y se ha especializado en dos grandes áreas de responsabilidad: organizar o supervisar la logística de las colecciones en los ámbitos técnico, administrativo y financiero, y evaluar los riesgos asociados al transporte de bienes culturales mediante la aplicación de medidas preventivas de conservación, seguridad y seguros.

La tecnología digital es una herramienta indispensable en la tarea del registrador de colecciones. Foto: Marta Mérida

En el ámbito europeo, el grupo BIZOT, Groupe international des organisateurs de grandes expositions, del que nuestro museo forma parte, es un foro de discusión de los líderes de los grandes museos para estandarizar y mejorar su política de gestión de préstamos y exposiciones en Europa y el mundo. Ha desempeñado un papel muy importante en la definición de las tareas del Registrador. Desde 1992 promueve la estandarización de la práctica profesional.

La otra plataforma europea por excelencia para la normalización y profesionalización del profesional del Registro es el ICOM (International Council of Museums), que elaboró un informe de política de gestión de préstamos que responde a la Resolución 13839/04 del Consejo Europeo para la movilidad de colecciones.

Hoy día los modelos británico y francés están a la vanguardia de un nuevo concepto de Registrador al cuidado de la gestión de colecciones. Otros países, especialmente Italia, Alemania, España, Suiza o Austria, han ido actualizando sus estándares y los han adaptado a la idiosincrasia de sus países (por ejemplo, en Italia la profesión gravita en torno a la gestión del préstamo –los célebres “Ufficio prestiti”–). En la actualidad, la profesión se enfoca hacia un perfil de técnico cualificado en el manejo y gestión del riesgo (Risk Management), tal y como se desprende de los diferentes informes que se vienen elaborando desde 1998 en los encuentros bienales del European Registrars Conference (ERC):

  • en el encuentro de París de 2000 se trataron temas como: informes de condición de las obras o Condition Reports, seguro de obras, planificación de almacenes, fletes aéreos europeos o inmunities
  • en la reunión de Roma en 2002, se debatió sobre permisos de circulación de obras de arte por Europa, gestión de préstamos de patrimonio eclesiástico e instituciones no museísticas, el papel del correo, seguridad en salas de exposición, manipulación de obras de arte e indemnities
  • en Wolfsburg en 2004 se centraron en las indemnities estatales, materiales de embalaje no convencionales, manipulación de fotografía contemporánea, transporte e instalación de objetos delicados
  • en el 2006 se trataron aspectos como planes museológicos, manejo y gestión de almacenes, proyecto ARMICE, proyectos de movilidad de colecciones, gestión de préstamos, procedimientos aduaneros, garantías estatales
  • en Basilea en 2008, se debatió sobre documentación y almacenamiento de colecciones, registro y documentación de obras en nuevos soportes, aspectos éticos y legales de la profesión, estándares de procedimientos y circuitos
  • en Amsterdam en 2010, se centraron en la economía de medios y la ecología de materiales
  • el encuentro de Edimburgo, dos años después, se focalizó en cómo maximizar colecciones y la optimización de circuitos en la gestión de préstamos
  • el último de los encuentros hasta la fecha, en Helsinki en 2014, trató aspectos como la seguridad, las tareas del correo en la era 2.0, evaluación de riesgos en préstamos, casos de robo y recuperación de patrimonio, seguros, colecciones en movimiento y herramientas de la profesión en el futuro.

Hacia una profesión emergente

De las dinámicas de trabajo de las diferentes plataformas de profesionalización que hemos descrito, se desprende que la tendencia en los últimos años camina hacia la centralización de las funciones del registrador en tres grandes categorías o competencias: la técnica, la científica y la administrativa. La figura actual del Registrador, tanto en Europa como en el ámbito anglosajón, requiere conocimientos multidisciplinarios y una gran polivalencia. Es un perfil profesional altamente cualificado que comparte currículo profesional con conservadores y conservadores-restauradores.

Proceso del control de cargas y descargas y manipulación de obras de arte. Foto: Silvia Tena

Como señalaron Delsault-Lardy y Vassal en “Acteurs et compétences” (2000), los registradores y curadores conservadores deben trabajar juntos […] y compartir la responsabilidad respecto de la recolección de datos de las obras y su accesibilidad. De hecho, este tándem profesional se ha convertido en Europa ya en una norma habitual. El mundo del arte contemporáneo es un ejemplo claro de la necesidad de este binomio registrador-curator. Como señala Yvan Clouteau las condiciones de conservación de las obras modernas exigen forzosamente conocimientos compartidos en varios ámbitos, principalmente los de conservación, documentación, restauración y museografía. Hoy día no se entiende la gestión del Registrador sin el concepto de task-sharing como una herramienta de organización de todas las instituciones con responsabilidad patrimonial.

La supervisión de embalajes es una tarea compartida entre registradores y restauradores. Foto: Marta Mérida

Respecto a la dotación jurídico-administrativa de los perfiles profesionales del Registrador, cabe señalar que en las instituciones de fondos públicos con manejo de colecciones de gran escala (museos nacionales o colecciones de más de 10.000 obras), la ratio Registradores/número de ítems de las colecciones tiene que ser una cifra directamente proporcional al volumen anual de préstamos, depósitos, donaciones, adquisiciones, así como al número de las subcolecciones o subespecialidades que presenten sus fondos. Los museos con colecciones de gran tamaño disponen hoy en día de departamentos de Registradores que oscilan entre 5 y 10 técnicos (Centre G. Pompidou, Metropolitan Museum y otros).

En cuanto al perfil profesional, las demandas de logística de fondos hacen que, en la actualidad, los departamentos de registro sean flexibles y cubran diferentes estadios en la gestión de colecciones por lo que, cada vez más, adoptan estructuras piramidales compuestas por un Senior Registrar y un número variable de Registrars y Assistant registrars o adjuntos.

No os perdáis la segunda parte de este artículo, “el registrador en la gestión de colecciones: el risk management”, que publicaremos próximamente.

Enlaces recomendados

Informe Belmont (PDF-60 Kb)

Manual de Registro y Documentación de Bienes Culturales (PDF)

DAYNES-DIALLO, Sophie, PERREL, Hélène, VASSAL, Hélène. « Régisseur d’oeuvres : enjeux d’un métier émergent et perspectives de professionnalisation », In Situ, 30, 2016.

STOLOW, N, Procedures and conservation standards for museum collections in transit and on exhibition, pdf

Sílvia Tena
Registre d’obres d’art i Gestió de Col.leccions

Un comentario

  • 16 de septiembre de 2017 - 10:52 am | Enlace permanente

    No creo tarde mucho más en volver a visitar tan extraordinario museo,,

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