El Palau Nacional, un edificio con mucha historia /1

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Montserrat Gumà y Sandra Esteban
con la colaboración de Marta Mérida

La montaña de Montjuïc, donde se encuentra el Palau Nacional, fue durante muchos años una zona marginal de la ciudad. El terreno donde se asienta era una de las canteras que estaban en explotación. Con la Exposición Internacional del año 1929, Barcelona ganó la montaña, que, con el tiempo, se ha convertido en un espacio de ocio y cultura para todos. Uno de los grandes éxitos de la exposición, cuando se inauguró, fueron los jardines, que se habían empezado a plantar en 1915.

Terreno donde se construyó el Palau Nacional. Foto: Arxiu Històric de la ciutat J. M. Pobla

Desestimada la construcción del proyecto de Josep Puig i Cadafalch, en 1924 se convocó un concurso entre arquitectos españoles, en el que participaron nueve equipos. El proyecto del Palau Nacional, un edificio construido para las grandes manifestaciones protocolarias y culturales de la Exposición Internacional, se adjudicó a los arquitectos Eugenio P. Cendoya, Enric Catà y Pere Domènech i Roura.

Sección longitudinal del Palau Nacional. Se observa en el centro la verticalidad del espacio de la cúpula. En la izquierda, es visible la sala del semi-sótano

Se preveía un gran salón para acoger actividades festivas y de representación y dos cuerpos de dos plantas. Un núcleo coronado por una cúpula, que incluía la escalera de honor y el Salón del Trono, unía las tres áreas.

La ceremonia de colocación de la primera piedra, el 30 de junio de 1926. Foto: Arxiu Històric de la Ciutat

Obreros trabajando en la construcción del Palau Nacional

El 30 de junio de 1926 se colocó la primera piedra. Entre los asistentes, el presidente del comité ejecutivo de la exposición, el marqués de Foronda; el alcalde de Barcelona, el barón de Viver, y el director de Construcciones del certamen, y uno de los padres del proyecto, Pere Domènech i Roure. En octubre del año siguiente, se colocó la primera teja.

Para conseguir edificar en el plazo prefijado de dos años y medio una superficie total de casi 32.000 metros cuadrados, se siguieron procedimientos de construcción rápidos y las operaciones se redujeron a lo imprescindible. Para cubrir la Sala Oval, unos 3.500 metros cuadrados, se utilizó una estructura de hierro apoyada sobre parejas de pies derechos, también metálicos.

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Estado de la construcción del Palau Nacional en enero de 1928. Foto: Arxiu Històric de la Ciutat

Foto: Arxiu Institut Municipal d’Història

Foto: Arxiu Institut Municipal d’Història

Hacia marzo de 1928 todavía le faltaban las cúpulas y las cuatro torres. Faltaban quince meses para su inauguración.

Estado de las obras de la Exposición Internacional de Barcelona hacia marzo de 1928. El Palau Nacional visto desde la plaza de España. Foto: Arxiu Institut Municipal d’Història

Obreros trabajando en la construcción del tejado del Palau Nacional. Foto: J. M. Sagarra

En la decoración de los interiores trabajaron los principales artistas del noucentisme. La decoración pictórica de la cúpula, en el vestíbulo del primer piso, se encargó a Manuel Humbert, Josep de Togores y Francesc Galí. Los dos primeros pintaron las pechinas y el tambor, mientras que el tercero se dedicó al casquete de la cúpula, donde plasmó la Religión, la Ciencia, las Bellas Artes y la Tierra. En el tambor, Humbert y Togores plasmaron ocho civilizaciones: la fenicia, la griega, la ibérica, la celta, la cartaginesa, la romana, la visigoda y la musulmana. En las pechinas, en grisalla, se representaron las alegorías de León, Castilla, Navarra y la Corona catalanoaragonesa.

Bajo la decoración pictórica, Enric Casanovas Josep Dunyach esculpieron, respectivamente, las personificaciones del Trabajo y la Religión, y de la Ley y la Fuerza en piedra artificial. El suelo fue pavimentado con un mosaico, cuyo plafón central, que era el escudo de Barcelona, ocupaba una superficie de 133 metros cuadrados.

Vestíbulo del primer piso

La decoración del Salón del Te o Restaurante se encargó al pintor Joan Colom, que plasmó en tres lunetos, que todavía se conservan, personajes de belleza clásica, integrados en un paisaje típicamente mediterráneo. Este salón actualmente se ha convertido en uno de los espacios más emblemáticos y significativos del museo: la Biblioteca. En el vestíbulo, que preside este espacio del primer piso, bajo la dirección de F. Canyellas, se pintaron los frescos con amorcillos y guirnaldas, y cestas de frutas y flores, que todavía se conservan. La cúpula fue obra de Josep Maria Xiró.

Vestíbulo del primer piso de la escalera posterior con los frescos de F.Canyellas. Foto: Institut Amatller d’Art Hispànic

Joan Colom (1879-1969) pintó unos plafones, dónde se representan temas bucólicos, en el restaurante del Palacio Nacional. Foto: Arxiu Fotogràfic dels Museus

La ornamentación de las bóvedas del Salón del Trono la dirigió Jaume Llongueras. Las cuatro lunetos, de las cuales dos todavía se conservan, son obra de Josep Obiols, con las virtudes cardinales: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. En los dos extremos del Salón, Francesc Labarta pintó el plafón que representa la Exposición Universal de Barcelona de 1888, en el cual se entrevé el Palau de Belles Arts, y Xavier Nogués fue el autor del plafón que simbolizaba la Exposición Internacional de 1929, donde se entrevé la silueta del Palau Nacional y la de la Sagrada Familia, en construcción. Sobre el trono, el retrato de Alfonso XIII pintado por Ricard Canals. Sobre la puerta de entrada al Salón del Trono, destacaban una escultura y un friso de bronce de J. Claret. Actualmente este espacio acoge el restaurante Òleum.

Vista parcial del Salón del Trono, hoy restaurante del museo, donde se aprecia la decoración de las vueltas con pintura ornamental

Las estancias privadas del rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, en la parte delantera del edificio, se situaban a ambos lados del Salón del Trono. Diez plafones de pintura mural, obra de Josep Obiols, decoraban el vestíbulo izquierdo de acceso a los dos gabinetes del rey y la reina, a ambos lados del Salón del Trono. Se trataba de composiciones marinas en las cuales sirenas, tritones y delfines se combinan con personajes marineros. Como consecuencia de la remodelación del Palau Nacional, se arrancaron los plafones y estas estancias se convirtieron en espacios expositivos en el primer piso, a ambos lados del restaurante Òleum. El Gabinete de la Reina es actualmente el espacio de la cocina del restaurante y el Gabinete del Rey ahora es el acceso a las Terrazas-Mirador.

Las estancias privadas del rey Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia, a ambos lados del Salón del Trono

La Sala Oval debido a sus grandes dimensiones, no fue considerada en 1929 como el escenario más apropiado para recibir las decoraciones murales. Por lo tanto, se optó por la pintura mural, con ornamentación lisa y cenefas. Destacan los cincuenta y seis escudos de los arcos de la curva de la tribuna del primer piso, cincuenta de los cuales corresponden a las provincias españolas y seis, en la zona del órgano, a representaciones de instrumentos musicales. Donde se dedicaron más esfuerzos decorativos fue en las barandillas de la balconada del primer piso y en la escultura monumental que se aplicó a los fustes de las columnas.

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Sala Oval del Palau Nacional

El 19 de mayo de 1929, se inauguró la Exposición Internacional de Barcelona. La ceremonia principal tuvo lugar en la Sala Oval del Palau Nacional, en presencia de los Reyes de España y de numerosas autoridades. El director del certamen, el alcalde de la ciudad y el jefe de Gobierno pronunciaron los discursos inaugurales. Después de los discursos, los reyes salieron al balcón del Salón del Trono y declararon inaugurada la exposición. Se dispararon unas salvas, se soltaron 60.000 palomas y se pusieron en marcha las cascadas y las fuentes de Montjuïc.

Ceremonia principal en el Gran Salón del Palau Nacional con motivo de la Exposición Internacional de Barcelona. Foto: Institut Municipal d’Història

Imagen de la perspectiva principal de la Exposición Internacional de Barcelona según un folleto de propaganda

Vista del Palau Nacional desde la plaza de España. Foto: Antoni Grau i Cuyàs

Alrededores del Palau Nacional

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Foto: Roisin/IEFC

El 15 de julio de 1930 se clausuró la exposición que dejaba a la ciudad un parque, unas instalaciones ornamentales y un conjunto de palacios con destinación incierta. Se impuso la conservación del Palau Nacional y de los dos palacios simétricos que había construido Puig i Cadafalch. En octubre de 1931 empieza el traslado al palacio de los museos de la Ciutadella y del Palau de Belles Arts, así como de las oficinas de la Junta de Museus. La instalación de las colecciones significó una importante transformación de sus salas. El edificio se adaptó a su nueva destinación como museo permanente, con zonas de almacenes, talleres de restauración y de mantenimiento, laboratorio fotográfico, despachos y sala de conferencias.

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En el ala opuesta de la zona central dónde se cuentra la actual claraboia fue instalada la sección de arte gótico

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En 1934, como consecuencia de los Hechos de Octubre, la inauguración prevista para el 7 de octubre se pospuso al 11 de noviembre, presidida por los militares que ejercían provisionalmente el poder en Cataluña. El nuevo museo comprende un discurso global del arte catalán. La nueva instalación congregaba alrededor de 1.869 ejemplares.

Vista del Gran Salón el día de la inauguración del Museo de Arte de Cataluña, el 11 de noviembre de 1934. Foto: Arxiu Sagarra

La inauguración del Museo de Arte de Cataluña se anunció con este cartel publicitario

El nuevo montaje del Museo de Arte de Cataluña hizo posible una disposición ordenada de los materiales, hacia 1934

Foto: Arxiu Fotogràfic dels Museus d’Art

Bibliografia relacionada

Barral i Altet, Xavier, El Palacio Nacional de Montjuïc : crónica gráficaBarcelona : Museu Nacional d’Art de Catalunya : Lunwerg, 1992

El Palau Nacional, arquitectura i memoria, Barcelona : Museu Nacional d’Art de Catalunya, 2011

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